Malcriados.




¿Cómo saber que estás malcriando a tu hijo/a? No es muy difícil, solo hace falta ver si tiene sobrepeso, si es respondón, grosera, si es caprichoso o si siempre quiere salirse con la suya.

¿Es tu caso? Mmm sí… siento decirte que no ganarás el premio a padre/madre del año.

Lo mismo pasa en la industria cinematográfica. Te dan un plato de verduras y lloras y pataleas hasta que te dan un plato de patatas fritas chorreante de grasa y sal. Y te lo tragas tan a gusto.

¡Oye, que no me gustan las verduras pochas! ¡Pero para qué vas a ese restaurante si ya sabes que su especialidad son las verduras!


No digo que exigir calidad y servicio sea algo de lo cual reprocharse, no, todo lo contrario, un menú balanceado es lo más recomendable, tanto lo que alimenta a tu cuerpo, como con lo que alimenta tu mente. Ahora bien, lo que no se puede pretender es querer quemar los McDonald’s por insalubres cuando tu nevera está repleta de fritos congelados.


Dejando a un lado las analogías culinarias, enfoquémonos en nuestro mundo del Storytelling.

La campaña de #ReleaseTheSnyderCut ha dado sus frutos y han reditado una película mala para darnos otra película mala y el doble de larga.



Sí, sí, ya sé que esto de la crítica es todo subjetiva, lo que no me gusta a mí, para ti es una obra maestra.

Ya, lo que no es subjetivo son las técnicas narrativas, la estructura de la historia y la originalidad. Y no me vengas con que “si le gusta al público es que es buena” porque al público le gustan los jodidos Transformers y la 8va de Fast & Furious (o la 17, la verdad no tengo idea por qué capítulo van).

Y no lo digo porque no me gusta que rehagan una obra ya finalizada, el Suicide Squad de James Gunn promete ser una genialidad. Lo digo por el precedente que se genera: El “¡Dame mis jodidas patatas fritas llenas de grasa y sal o si no pataleo!” parece que se va a convertir en el pasatiempo favorito de un mundo postpandemico sedentario y cabreado, como si todos esos aplausos a sanitarios a las 20:00 en punto, o el deseo de volver a ver venados en Tokio o delfines en Venecia o por las ciudades hubiera sido el sueño de un niño iluso.

No.

El problema no es que WB quiera sacarle los cuartos a los niños y las niñas ratas del mundo en un año sin estrenos en el cine mediante una buena subscripción a su canal. El problema es que nos traguemos esas patatas rancias como si nos estuviéramos comiendo un filet mignon.

Una de las máximas del buen Storytelling es interpretar la realidad para incluirla en el mundo que has creado, de forma que se genere una respuesta por parte del público al encenderse las luces y piensen un poquito en qué hubiesen hecho ellos, qué está bien y mal, ¡cómo se puede cambiar el mundo! Y que mejor oportunidad hubiera sido esta de aprovechar todos los recursos de producir una nueva película para hablar sobre algo actual, algo que nos afecte.

Porque Thanos no era solo Thanos, Thanos representaba un líder con un punto lógico y una solución fácil y populista (vamos que solo le faltaba ser naranja y tener un tupé rubio) y no solo un grupo aliens poderosos que vienen a la tierra a recolectar piedrecitas o cajas mágicas para ser detenidos por un equipo de héroes terrestres liderados por un millonario con un traje muy caro (¿qué? ¿Qué es el mismo argumento que End Game? ¡Vaya, hombre y no nos habíamos dado cuenta!)


El punto es que somos unos malcriados y nos van a malcriar más, pero por suerte, siempre hay un reducto de esperanza. THE BOYS es una serie que, a la bien esperada sucesión de escenas extraordinariamente viscerales se le añade esa pregunta que nos hacemos desde 1933 y que resuena ahora más que nunca. ¿Qué pasaría si los superhéroes fueran tan humanos como nosotros?


Y la respuesta es tan sencilla como espeluznante: serían tan malcriados como nosotros.


Imagina una pataleta de un niño de 6 años en un supermercado porque no le quieren comprar las patatas fritas. Rompe y tira objetos, se arrastra, chilla e insulta a su adulto (i)responsable.


¿No es espeluznante?


Ok, imagina que ese mismo niño puede lanzar rayos láser por los ojos.






Ese, amig@s mí@s, es el poder del Storytelling.






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