¿Por qué diablos el Real Madrid siempre vuelve?


Llevaba pensando escribir esta entrada desde la primera remontada contra el PSG, luego con la remontada del Chelsea me decidí, pero esperé a la remontada del City para publicarla, porque sabía, como sé que sale el sol por el este cada mañana, que volvería a pasar. Pero ¿por qué? ¿Por qué un equipo de fútbol cuya máxima estrella es Benzemá con 34 años (el mismo Benzemá de los 5 goles en liga de la 17/18) parece indestructible?

¿Por qué equipos armados hasta las cejas con los mejores futbolistas y entrenadores que el dinero de los petrodólares de Emiratos, Qatar y Rusia pueden pagar han sucumbido de la misma manera?

¿Por qué esa fe ciega en la victoria de un equipo que, demonios, ni siquiera juega bien?

Y sobre todo, ¿qué rayos tiene que ver con el Storytelling?

La respuesta es un poco contradictoria: el Real Madrid es un equipo de fútbol ensamblado y construido, desde su más reciente becario, hasta su perenne presidente, para jugar el partido más importante del año en el mundo de fútbol. El resto de los 50-60 partidos de una temporada solo son el camino a su destino: la final de la Champions League.

Solo un partido al año es importante, si no llegas, es un fracaso, aún ganando otros títulos, es un fracaso. Pero si solo un partido es importante... ¿Cómo es posible que en cualquier otro partido sea vapuleado durante 86 minutos, esté 2 abajo en el marcador y remonte en 6 minutos hasta ponerse por delante?

Aquí es cuando entra el Storytelling; Todo aficionado del Real Madrid, cuerpo técnico y jugadores, desde el alevín más joven de la cantera al veterano Luka Modric con 37 añazos, saben que forman parte del mejor equipo deportivo de la historia, no solo del fútbol, sino del deporte en general. Así lo reflejan sus 13 títulos continentales, casi doblando a su más inmediato perseguidor, el A.C. Milan.

Ningún otro equipo de ningún otro deporte se distancia de tal manera del resto como lo hace el equipo mengue, ni siquiera Los Angeles Lakers en baloncesto o Scudería Ferrari en la F1 destacan de tal forma sobre sus perseguidores, salvo, tal vez, los Yankees de NY en béisbol, cuya aura y mística podría compararse con el equipo blanco.

Es esta narrativa incrustada en el ADN del equipo merengue lo que convierte cada partido en un carrusel de contradicciones con el mismo resultado: victoria blanca, y me explico: El jugador del Real Madrid sale al césped sabiéndose con el derecho casi divino que debe pasar la eliminatoria, porque así es y así ha sido siempre, por tanto su relajación y confianza es total. Su contrincante, por otra parte, sale con la intención de conquistar tremenda cima con las pulsaciones a mil por minuto. Esto, inevitablemente proporciona que la mayor parte del tiempo, el Real Madrid esté en piloto automático y su rival en modo “séptimo de caballería”, con el consiguiente meneo de arriba abajo, llegando incluso a parecer una masacre con el Real Madrid en la lona. Sin embargo, cual Mohamed Alí contra Foreman en aquel octubre del 74 en Kinsasa, lo único que hace el cuadro merengue es aguantar el chaparrón del impetuoso. Espera, y espera porque sabe que va a pasar, va a tomar las riendas del choque y va a asestar dos jabs a la mandíbula que cortocircuitarán a un rival, por entonces, seguro de la victoria, y cuando esto pasa se desborda en una avalancha blanca incontestable que arrasa con todo y con todos. Sin importar cuán bueno eres, o te crees que eres.



Por eso el Real Madrid C.F. siempre se levanta, porque está fabricado para eso, todos lo saben, Europa lo sabe, todos lo temen, nadie se lo explica, pero es así, porque así está escrito.

El mejor equipo de todos los tiempos.

Ese es el poder del Storytelling

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