The End of the Game


Contar historias, eso que parece tan y tan sencillo y sin embargo un imperio como Detective Comics (DC para los amigos) con cientos de profesionales extraordinariamente cualificados, miles de colaboradores, los mejores en su ramo, millones de espectadores y billones de dólares de presupuesto, sin hablar de los dos mayores superhéroes de la historia: Superman, el primero y el más popular y Batman, el más oscuro e imitado, no han sido capaces ni tan siquiera acercarse a los números de la Casa de las Ideas, ni en cuanto a BoxOffice, ni en cuanto a crítica.

Si obviamos las 3 películas de Christopher Nolan sobre el nocturno vigilante (una apuesta puntual de la Warner Brothers en una época donde aún ni existía el concepto Universo Compartido) vemos que solo Wonder Woman ocupa un lugar residual en las listas de películas de superhéroes.

Así pues vemos que invertir tiempo y dinero en escribir buenas historias, no solo es artísticamente más entretenido, sino que además es tremendamente efectivo.

Y es que contar historias es como construir una casa, puedes poner 4 palos y un techo de paja, o puedes construir el Empire Estate. Ambos cumplen el mismo objetivo, pero coincidiremos que no es lo mismo. Es por eso que a la hora del buen Storytelling no hay atajos, no puedes saltarte pasos, como no puedes saltarte pisos para construir un edificio. Las reglas de la narrativa son las que son porque funcionan desde hace más de 2.500 años, y cuando las sigues a rajatabla, cuando tienes un protagonista con el cual empatizas (Tony Stark, Thor, Peter Parker, hasta el mismo Hulk) cuando sientes sus triunfos y fallos como propios, cuando tienes un objetivo claro y conciso (6 gemas del infinito), cuando se estrellan, se levantan, aprenden y crecen por el camino (Rocket, Dr. Strange, Star Lord, Loki) es cuando puedes hacer la última película que cierra 11 años de tu franquicia paseándote, recreándote, deleitándote en la base de las 22 anteriores.


Engame es una oda a la misma Marvel. Un recopilatorio de fin de curso en el que entregar a sus fans un homenaje a sí mismos, un premio a su fidelidad, por haberse subido a un carro cuyo conductor no era más que un pendenciero, alcohólico, mujeriego, irresponsable y egoísta multimillonario que, a pesar de contar con todas las fichas para odiarlo, fue amado de inmediato.

Esta pieza de orfebrería no es la mejor película de La casa de las Ideas, pero es la más bonita, es la que más sentimos como nuestra, pues tanto los que viven, como los que mueren, abandonan o envejecen, y sin importar si son aliens, mapaches, árboles que hablan (más o menos) o dioses de otros mundos, se han convertido, desde ya y para siempre, en miembros de nuestra familia.


Ese es el poder del Storytelling.



41 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo